La ciencia ficción no es Fantasía, por Pablo Troncoso

Posted on jul 4, 2014 | 2.581 comments

La ciencia ficción no es Fantasía, por Pablo Troncoso

Es muy normal en nuestro país que ciencia ficción y fantasía vayan de la mano en las estanterías de muchas librerías; por lo general la categoría dice «Ciencia Ficción» y no solo te encuentras con Isaac Asimov, sino también con George R. R. Martin y Stephen King. Se ha vuelto común mezclar los dos géneros como si fueran uno solo y he escuchado más de una vez a familiares y amigos decir que una novela de fantasía es en realidad de ciencia ficción o viceversa (la que se lleva las palmas fue un amigo mío que dijo que Crepúsculo era ciencia ficción). Esto demuestra que 1) las personas no distinguen entre géneros y 2) la ciencia ficción estaría en un estatus más alto que la fantasía. Por eso es importante que uno sepa la diferencia entre las dos, cada tipo de obra tiene sus méritos y ninguna debería estar por encima de otra, ni una debiera englobar a la otra.

La distinción más clásica entre fantasía y ciencia ficción está en que la primera tiene elementos mágicos y sobrenaturales —además de que en sus historias ocurren cosas que en el diario vivir son imposibles— mientras que la segunda trata de historias que cuentan con tecnología de punta, a veces en mundos futuristas o en otros planetas y presentan un escenario que, si bien extraordinario, no es inconcebible alcanzarlo en un futuro. Las obras de Julio Verne son un ejemplo de que la sociedad alcanza las propuestas de la ciencia ficción, pero esta diferenciación básica rasga sólo la superficie de lo que es cada cosa: las diferencias entre fantasía y ciencia ficción son mucho más profundas que simplemente los elementos que las componen. Hay aquí una narrativa y un abordaje de temas completamente diferente: no es lo mismo leer El fin de la eternidad de Asimov que El señor de los anillos de Tolkien. A partir de esta idea, veamos cuáles son las mayores diferencias entre ambos.

Las temáticas abordadas

La temática de la ciencia ficción casi siempre está más relacionada a lo social que a lo personal. Esto no significa que haya un descuido por parte del trato a los personajes (porque no es así), sino que el centro de la historia gira principalmente en torno a problemas sociales. Un mundo feliz de Aldous Huxley se preocupa principalmente de mostrarnos un futuro distópico en el que podríamos terminar; ya en sus primeras páginas nos damos cuenta de que el foco está en el tipo de sociedad en la que se vive y no en los residentes mismos. Se describe cómo los seres humanos son creados a partir de probetas y son hechos para tareas específicas, todos determinados a hacer los trabajos que les corresponden, y los educan para tal fin. La novela avanza y el foco es el personaje contra la sociedad; así, Un mundo feliz termina de manera bastante trágica, con un hombre que no es capaz de vencer a la sociedad en la que vive.

Por eso, me atrevería a decir que la ciencia ficción tiende a ser más «fría» que la fantasía, al menos en lo que a emocionalidad se refiere (digo tiende, porque hay fantasía fría, pero no es lo que se ve generalmente). Es el hombre contra la sociedad, el hombre contra la máquina, generalmente envuelto en un conflicto del cual no va a salir ganando. La novela de Jorge Baradit Ygdrasil es probablemente una de las expresiones más trágicas del género que me ha tocado ver, en donde su protagonista, Mariana, lucha durante toda la novela para sobrevivir y escapar a su destino y termina siendo parte de un programa que destruiría el mundo como lo conocemos. El mensaje es claro: la sociedad avanza y la forma en que avanza nos está matando; no hay escapatoria, no hay artefactos mágicos ni súper poderes que nos vengan a salvar de este horrible destino.

Mientras que la ciencia ficción se encarga de mostrarnos el futuro que estamos forjando, la fantasía tiene un foco mucho más personal: no importa tanto la sociedad, sino los personajes que viven en ella y cómo se desarrollan. Lo que seguimos es la evolución de los personajes, no de la sociedad. Ya sea el «elegido» de turno, un mago, una persona cualquiera en situaciones sobrenaturales o quien sea, el foco está en él, en cómo va cambiando y va resolviendo conflictos internos, o a lo más interpersonales. Incluso en la famosa Canción de hielo y fuego (o Game of Thrones para los que estén más familiarizados con la serie) donde el conflicto político toma el centro de la acción, este es un conflicto que está impulsado por los personajes mismos, por cómo son ellos y la interacción que tienen con los otros. El foco es la interacción de estos personajes en una realidad mágica y fría, no es las personas siendo movidas como piezas de ajedrez por la sociedad, sino en las personas moviendo a la sociedad con sus acciones. ¿Importa en esta novela la sociedad que se construye? Sí, pero el foco no es el mundo social y sus normas, su foco son la búsqueda de Daenerys Targaryen por conquistar el trono, el dolor de Tyrion Lannister tratando de encajar en su familia, las desventuras de Arya Stark en su búsqueda de venganza, sólo por mencionar algunos de entre otros tantos personajes que vemos crecer, cambiar, evolucionar y tomar acciones que en definitiva cambian el entorno en el que se encuentran.

A modo de resumen, podríamos decir que en la ciencia ficción es el ambiente el que define a los personajes y en la fantasía son los personajes los que definen el ambiente. Son dos posiciones completamente contrarias y cada una de ella aborda temas de distinta manera. En Canción de hielo y fuego, incluso siendo cruda y fría, hay esperanza de que una persona decente (Daenerys, por ejemplo) llegue a ocupar el trono y pueda construir algo mejor que lo que han hecho los Lannister. En la ciencia ficción, en cambio, no hay tal esperanza; la lucha es más que nada de los personajes tratando de sobrevivir a la sociedad que se despliega frente a nosotros, lo cual tiende a ser mucho más desesperanzador a su vez.

Los protagonistas que construyen

La ciencia ficción y la fantasía han creado todo tipos de personajes, por lo cual no es realmente correcto decir que un tipo de personajes le pertenece a un género o a otro, pero sí se pueden reconocer arquetipos que definen la construcción de personajes dentro del género. Así, y por un tema de espacio y alcance de esta columna, analizaré el que considero el arquetipo principal en una obra de fantasía y en una de ciencia ficción.

Dentro de la fantasía este personaje es el héroe, el clásico protagonista de las novelas de fantasía, «El caballero en brillante armadura», aquel que al final de la historia matará al dragón con su espada para liberar a la princesa secuestrada.

El personaje, en su expresión más antigua, es alguien a quien todos aman, cuyas virtudes se destacan por sobre sus fallas, inherentemente bueno y preocupado por lo demás. Aunque puede ser inteligente o bruto, lo que más destaca es su fuerza, su entereza, su corazón de oro y su preocupación por poner la vida de los demás por sobre la suya. El dará todo por salvar al reino.

Con el paso del tiempo, la figura del héroe fue tan explotada dentro de la literatura, los cómics, las series, las películas y todo tipo de historias, que aquellos que quisieran trabajar con el personaje se vieron forzados a dar un par de giros de cuerda. Así nace el anti-héroe: alguien que posee cualidades que podríamos llamar «anti-éticas» (antisociales, asesinos, torturadores), alguien que tiene su propia brújula moral, pero que al fin y al cabo llegará al mismo resultado del héroe: salvará al reino, pero probablemente se manchará las manos de sangre.

Hoy en día los dos tipos de héroes siguen usándose: tenemos, por ejemplo, a Eragon (del ciclo El Legado) como el héroe de buen corazón que hará todo por acabar con el malvado reino de Galbatorix, lo que lo convierte en un personaje bastante predecible, y por otro lado tenemos a Katsa (de Graceling), quien mantiene a todo el mundo alejada de ella y mata a personas (no monstruos, lo cual es una gran diferencia) en el transcurso de la novela para cumplir sus objetivos, lo que la hace más impredecible. Mientras que Eragon tiene el peso del mundo a sus hombros y se queja de ellos, el conflicto de Katsa es mucho más personal, y tiene que sufrir por las consecuencias de sus actos.

Es difícil escribir o pensar en una obra de fantasía en que no exista la presencia del héroe o del anti-héroe. Mientras que se hace más evidente su presencia en la alta fantasía, también invade los mundos de la baja fantasía, y por lo general el conflicto será el de un personaje de llegar del punto A al punto B (el mundo está en caos => hay que ordenarlo/ salvarlo), y sus acciones serán todas en pos de llegar al punto B, haciendo despliegue de su heroísmo o anti-heroísmo en el camino.

En la ciencia ficción, por otra parte, el protagonista suele ser el revolucionario. Aunque puede ser visto como un héroe, hay una diferencia crucial a la hora de comparar a los dos: el héroe se reconoce o es reconocido como tal. Incluso hundido en la infamia —como ha pasado en algunas novelas de fantasía— sabemos que lo que hace finalmente salvará al mundo. Con el revolucionario no pasa tal cosa; incluso si sus acciones llegan a salvar el mundo, su misión es en realidad destruirlo, echando abajo el estilo de sociedad en la que están viviendo, por lo cual pueden ser vistos como villanos desde la perspectiva de la sociedad en la que viven. Esto está en relación con lo que dije previamente sobre como en la ciencia ficción el foco es social y en la fantasía, en cambio, es personal: las características positivas del héroe son las que llevan a que el mundo sea salvado, mientras que las características negativas de la sociedad son las que llaman a que el revolucionario busque su destrucción.

Este tema abunda en las series de televisión, sobre todo las gringas: en la última temporada de Fringe, donde nuestro mundo ha sido invadido por hombres del futuro («Observadores») nuestros protagonistas deben buscar la forma de derrocar la sociedad distópica en la que viven, destruyendo ese mundo de manera efectiva. En la recién cancelada Revolution los protagonistas deben sacar del poder al tirano Bass Monroe (o a los «Patriotas» en su segunda temporada), debido a la falta de piedad o abuso de poder. Hay muchos más ejemplos que entran a colación (Dollhouse es otro ejemplo perfecto de este tema), pero incluso en series de ciencia ficción donde el foco está en los alienígenas que vienen a invadirnos, o donde se lucha contra las máquinas, el protagonista tiene el germen de un revolucionario: ve que el sistema es ineficiente para tratar contra la amenaza y pasa por encima de él, si es que no lo destruye en el camino.

La línea entre héroe y revolucionario es bastante fina, y ambos se pueden entremezclar con facilidad, teniendo héroes revolucionarios en la fantasía y en la ciencia ficción, pero me parece que cada uno está más cercanamente ligado a un tipo de género y, sin que los escritores se den cuenta, estos arquetipos están presentes a lo hora de escribir sus historias y definen una cierta línea que, por más delgada que sea, separa a la ciencia ficción de la fantasía.

Hay incontables semejanzas y diferencias entre la fantasía y la ciencia ficción que no he nombrado, y parte de eso se debe a que aún me falta mucho por leer y nunca conoceré todas las obras habidas y por haber de ciencia ficción y de fantasía, pero creo (y espero) que quedan claras algunas de las diferencias que yo considero fundamentales entre ambos géneros y que así, a la hora de enfrentarnos a cualquiera de ellos podamos definir sus diferencias y tratarlas por lo que son, sin mezclarlas y, más importante aún, sin poner a una por sobre a la otra.


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