“Un Príncipe bohemio”, por Anthony Zaldivar

Posted on abr 21, 2014 | 2.507 comments

“Un Príncipe bohemio”, por Anthony Zaldivar
Mauricio no era la clase de noble que uno esperaría encontrar ocupando ningún trono: tenía el pelo grasoso, vestía sólo unos horribles bóxers y sostenía a modo de cetro un delicado porro de hierba que calaba a ratos.
—Así que un príncipe —dijo con tono ligero.
—Sí y, como le decía, su Majestad, el Rey ,fue muerto en la batalla final por la defensa de Syatis—afirmó la mujer de pie frente a él, luciendo un top rojo muy ceñido y una microfalda blanca.
—¿Cuál era tu nombre? —preguntó Mauricio, sin despegar la mirada del enorme pechos de tan sensual fémina.
—Valya, la última de Las Invictas, fuerza de élite y guardia personal de Dareth, Rey de Sy…
»Príncipe Agexyas ¿Por qué me ve así? —preguntó avergonzada—¿Acaso no es mi atuendo adecuado? El Archimago en persona lo eligió, por ser adecuado a las mujeres de este mundo…
—Pues te mintió: pareces una puta y lo agradezco. ¿Sabes? Quiero escuchar algo de música.
Mauricio se levantó del polvoriento sillón en el que estaba sentado y se dirigió a una mesa, en cuya superficie había un equipo de música. Tomó un disco que estaba al lado, lo puso en el reproductor, subió el volumen al máximo y una potente melodía inundó la habitación, mientras Mauricio daba vueltas saltando en un pie hasta caer nuevamente en el sillón.
—¡¿Esa cosa lo ha hechizado?!—gritó Valya.
— ¡Lo sé! ¿No son geniales?
De un salto la mujer estuvo junto al mueble en que reposaba el aparato y luego, con una certera patada, lo hizo añicos.
—¿Ahora me escucha?
—¿Qué?
—Príncipe Agexyas, por favor entienda, es usted el heredero a la corona y los enemigos del Reino piden su sangre… ¡Debe venir conmigo y reclamar el trono!
—¡No me llames así! Mi nombre es Mauricio… creo. ¡Yo no soy ningún «Príncipe»! Y tú no eres ninguna guerrera. Dime qué te tomaste y dónde puedo comprarme tres —demandó con voz solemne, exhibiendo en un destello el garbo que había distinguido a cada uno de sus ancestros. Acto seguido dio al porro una calada demasiado larga y se desarmó tosiendo largo rato.
—Sí lo es —insistió Valya hablándole con voz suave pero firme—. El Rey Dareth, su padre, encomendó a dos siervos el cuidado y protección de usted. Ambos vinieron a este mundo dejando atrás sus vidas y todo cuanto habían amado en Syatis…
—¿Hay un Caballero con espada detrás de ti o estoy alucinando?
Con un raudo movimiento, la guerrera sacó una daga de su top, se cortó un brazo con ella y la hoja, al cubrirse de la sangre que manaba, se extendió formando una filosa espada. Armada y lista, se volteó para encarar a su enemigo y fue a asestarle una potente estocada, pero este se esfumó; no era más que un un doppelganger. El caballero real, saliendo de un salto a la luz, pudo cortare el cuello con facilidad.
—¿Quiere decir unas últimas palabras, Su Majestad?—dijo con sarcasmo el caballero, mientras los ojos del legítimo heredero al trono pasaban más allá de la muerte y la sangre para encontrarse de pronto con la certeza de lo que había cambiado, de lo que había perdido y no podría ya recuperar jamás:
—¡Mierda! Tenía razón.
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