“Burd’ Hael”, por Gerardo Sanhueza B.

Posted on abr 30, 2014 | 3.183 comments

“Burd’ Hael”, por Gerardo Sanhueza B.
Ilustración por Niahawk

Los Orcos, contrario a la creencia popular, llevan una vida muy ordenada.

Cada casa —o Hael—paga una parte, y de esas partes sale el sustento de los jefes tribales, chamanes, soldados y otros oficiales útiles para la comunidad.
No existe una medida única en lo que a esa parte se refiere y el cobro depende del criterio del recaudador. Así, los más acaudalados entregan una parte mayor que los desposeídos y Burd, una viuda pobre, se entregaba a sí misma.
Una tarde que el cobrador se presentó, Burd le negó su parte acostumbrada y le dio en cambio dos canastas con cereales. Thug, el cobrador, no tuvo más remedio que cargar las canastas a la carreta y marcharse, pero se lo comentó a Thing en la taberna.
Thing nada sabía del asunto y decidió consultarlo con Trang, que llevó la noticia a Bulhagár, el chamán, quien vio con malos ojos el asunto y presentó el caso ante el jefe supremo, Golhon-Thar, quien le dijo solemne:
—Me importa un huevo de lombriz. Resuélvelo tú si crees que hay algo que resolver, idiota.
Bulhagár llevó entonces la noticia a la Anciana Madre, quien no hizo caso del asunto pero, ante la insistencia del chaman, terminó echando los huesos:
—Los espíritus han hablado —sentenció—. Dicen que les importa un hueso de yegua escabechada… Y que dejes de preguntar, idiota.
Bulhagár, sabiendo que los espíritus suelen ser misteriosos, se llevó el mensaje a casa y meditó.
***
Los años siguientes fueron tranquilos y el asunto siguió igual. La mujer normalmente se prestaba a sí misma en parte cuando no pagaba con cereales, pero la suspicacia de Bulhagár siguió creciendo, hasta que un día consiguió el apoyo de tres soldados y partieron a poner fin al asunto de una vez por todas.
Para su sorpresa al llegar encontraron a Burd junto a dos hijas que nadie sabía que tenía, jóvenes redondeadas y de buen carácter (al parecer). Ofendida y orgullosa, la aún hermosa Orca avanzó ante los hombres de Bulhagár y dijo:
—No corresponde a ustedes arrestarme, no he obrado contra la ley de los Orcos, más os ofrezco que entréis en mi alcoba y tomes cada uno una parte y la de mis hijas, que ya están en edad.
»Sin embargo eso sumaría muchas partes, y todas menos una me deberán ser regresadas.
Los hombres dejaron la casa de la viuda cabizbajos y avergonzados, pero regresaron durante la semana siguiente y los días después de esos, llevando cada vez alguna canasta de frutas, joyas o finas telas como parte. Así, la casa de Burd creció y adquirió fama más allá de las llanuras y los bosques, hasta llegar a ser una de las más adineradas de entre todos los Clanes.
Y Bulhagár, siguiendo el consejo de los espíritus, dejó de preguntar y comenzó a apartar cada luna algunos manjares para entregar como parte en la apreciada casa de la viuda Burd… O Burd’ Hael, en la lengua de los Orcos.
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